Pienso que con diferencia, lo más difícil de mi labor como docente es la evaluación de los alumnos. Y digo evaluación no calificación porque son dos procesos relacionados, y a veces consecutivos, pero diferentes en esencia.
Creo en la evaluación como un proceso global y continuo que tiene por objetivo proporcionar información sobre cómo, cuándo y en qué cantidad y dirección aprenden mis alumnos. Creo en una evaluación que me ayuda a mejorar mis clases, que me ayuda a alinear mis objetivos con los de mis alumnos.
Ya lo dijo Heisenberg en su principio de incertidumbre: La medición condiciona la situación de lo medido. Soy consciente de que la forma en que evaluamos condiciona la forma en la que los alumnos aprenden. Por eso, desde hace algún tiempo, suelo poner en marcha una técnica que en general me ha dado buenos resultados, les pido a los alumnos a principios de curso que piensen cómo les gustaría que les evaluasen y que elaboren cuál sería su sistema de evaluación ideal.

¿Es posible explicar ciertos conceptos relacionados con la Dirección de Operaciones utilizando metodologías activas?. Con esta actividad denominada “La Meta” los alumnos experimentarán “en sus propias carnes” el significado de cuello de botella, máximos local/equipo, optimización o gestión de inventarios.