| Miguel García Martínez | |
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| Pintor | |
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| Año de nacimiento: | 1930 |
| Lugar de nacimiento: | Alhama de Almería |
| Año de fallecimiento: | 1998 |
| Lugar de fallecimiento: | — |
Nacido en una modesta familia de pequeños agricultores, Miguel García Martínez fue el segundo de cinco hermanos del matrimonio formado por Miguel García Rodríguez y Carmen Martínez Artés, ambos naturales de Alhama de Almería. Su infancia estuvo marcada por la necesidad de ayudar en la economía familiar, realizando tareas agrícolas y cuidando un pequeño rebaño de cabras.
El contacto continuo con la naturaleza despertó en él una temprana vocación artística. Comenzó a pintar con colores que él mismo elaboraba mezclando aceite con tierras cernidas. Su padre, que deseaba que atendiera al ganado, llegó a romperle los primeros cartones pintados, pero el joven —apodado en el pueblo como el aprendiz de pintor— continuó dibujando en cuanto tenía ocasión.
Hacia 1945, el pintor José Moncada Calvache, que pasaba unos días en Alhama, vio un pequeño lienzo suyo con un vaso de agua y una flor. Impresionado, quiso conocer al autor. Este encuentro marcó profundamente la vida artística de Miguel García y dio inicio a una relación maestro-discípulo que perduró hasta la muerte de Moncada.
La crisis económica de la posguerra y su vocación artística llevaron a Miguel a emigrar a Cataluña, donde Margarita Salmerón —nieta del presidente de la Primera República y amiga de Moncada— le entregó una carta de presentación para el maestro, ya entonces prestigioso en Barcelona. Miguel viajó con la esperanza de ser aceptado como alumno en su estudio.
La década de 1950 fue una etapa de intenso trabajo creativo. Como discípulo de Moncada, participó en diversas exposiciones colectivas en Barcelona.
En 1961, Moncada decidió regresar a su tierra almeriense y fijar su residencia en Alhama de Almería. Miguel García lo acompañó sin dudarlo y vivió junto a él en el Cortijo de las Peñicas Blancas, un luminoso cortijo blanco en las afueras del pueblo.
La obra de García de Alhama, como fue conocido artísticamente, se encuentra hoy dispersa por distintas ciudades de España, América Latina y Estados Unidos, formando parte de colecciones privadas de emigrantes españoles que apreciaban su pintura como reflejo fiel de la naturaleza y de la cálida luz almeriense.
Descansa en el pequeño cementerio blanco de Alhama de Almería, muy cerca de la tumba de su maestro Moncada, a quien consideró una figura esencial desde su adolescencia.
Su trayectoria refleja:
Miguel García Martínez, conocido como García de Alhama, dejó una obra marcada por la luz, la naturaleza y la sinceridad del realismo. Su vida, estrechamente unida a la de su maestro Moncada, y su dedicación absoluta a la pintura lo convierten en una figura esencial del arte almeriense contemporáneo.