| Nicolás Salmerón y Alonso | |
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| Catedrático de Metafísica y presidente de la Primera República | |
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| Año de nacimiento: | 1838 |
| Lugar de nacimiento: | Alhama de Almería |
| Año de fallecimiento: | 1908 |
| Lugar de fallecimiento: | Pau (Francia) |
Nicolás Salmerón y Alonso nació en Alhama de Almería el 10 de abril de 1838, hijo del médico Francisco Salmerón y López y de Rosalía Alonso y García, instalados en la localidad desde 1822. Estudió el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Almería, donde contó con el apoyo de su cuñado Gaspar Molina, director del centro.
Cursó Derecho y Filosofía en la Universidad de Granada, coincidiendo con Francisco Giner de los Ríos, y completó su formación en Madrid bajo la influencia decisiva de Julián Sanz del Río, introductor del krausismo en España.
En 1859 fue nombrado auxiliar del Instituto San Isidro y de la Facultad de Filosofía y Letras. En 1863 ganó la Cátedra de Historia Universal de Oviedo, aunque no tomó posesión. Renunció en 1865 a su puesto de auxiliar para no sustituir a Emilio Castelar, expulsado por motivos políticos.
Fundó en 1866, junto a José Llanes, el Colegio Internacional, antecedente directo de la Institución Libre de Enseñanza, donde introdujo innovaciones pedagógicas como lenguas vivas, música, gimnasia y ausencia de castigos.
En 1867 obtuvo la plaza de supernumerario de la Cátedra de Filosofía de la Universidad Central.
Durante el final del reinado de Isabel II militó en el Partido Demócrata, colaboró en *La Discusión* y *La Democracia*, y fue encarcelado junto a Pi y Margall, Figueras y Orense. En 1868 fue expulsado de su cátedra por negarse a “hacer profesión de fe monárquica”, aunque la Revolución de Septiembre lo restituyó.
En 1869 obtuvo la Cátedra de Metafísica de la Universidad Central.
Elegido diputado por Badajoz en 1871, alcanzó notoriedad con su discurso del 26‑27 de octubre de 1871 sobre la Internacional, defendiendo el derecho de asociación y proponiendo medidas sociales avanzadas: vivienda obrera, jornada de ocho horas, escuelas industriales y mercados populares.
Su prestigio oratorio lo situó entre las figuras políticas más influyentes del momento.
Tras la proclamación de la Primera República (11 de febrero de 1873), fue ministro de Gracia y Justicia en los gobiernos de Figueras, impulsando reformas judiciales y legislación laica.
El 13 de junio de 1873 fue elegido presidente de las Cortes, y el 18 de julio presidente del Poder Ejecutivo. Su breve mandato (18 de julio‑6 de septiembre) se centró en sofocar el movimiento cantonal y la guerra carlista. Nombró a los generales Pavía y Martínez Campos, quienes lograron importantes avances.
Dimiti ó por negarse a firmar sentencias de muerte, gesto que marcó su figura histórica y aparece inscrito en su monumento funerario.
Tras el golpe de Pavía (3 de enero de 1874), volvió a su cátedra, pero fue nuevamente expulsado en 1875 junto a Giner de los Ríos y Azcárate por defender la libertad de enseñanza. Se exilió en Lisboa y luego en París, donde mantuvo intensa actividad intelectual y política.
Regresó a España en 1883, recuperó su cátedra y reanudó su vida pública.
Durante la Restauración fue uno de los principales dirigentes del republicanismo español. Impulsó la Unión Republicana (1890), defendió el sufragio universal (1890) y obtuvo acta de diputado en 1886, 1891, 1893 y años posteriores.
En Cataluña alcanzó gran influencia, especialmente en el distrito de Gracia, y fue presidente de Solidaridad Catalana (1906), alianza que unió a republicanos y catalanistas contra la Ley de Jurisdicciones.
Su discurso en el Congreso en 1905, advirtiendo que Cataluña podría seguir “el camino de Cuba” si no se atendía su personalidad regional, es uno de los más citados de su trayectoria.
Krausista en su juventud, evolucionó hacia el positivismo. Defendió:
Poseía una biblioteca de casi 20.000 volúmenes y fue considerado uno de los grandes oradores del siglo XIX.
Falleció en Pau (Francia) el 20 de septiembre de 1908. Su familia rechazó los honores oficiales ofrecidos por el Gobierno. Fue enterrado en el cementerio civil de Madrid.
Nicolás Salmerón es una de las figuras más relevantes del republicanismo español. Su defensa de los derechos civiles, su integridad moral —simbolizada en su renuncia a firmar penas de muerte— y su papel como puente entre corrientes políticas lo convierten en un referente de la cultura democrática española.