Hijo de micer Juan Ferrer, mercader de Berja, y de Inés de Maldonado, natural de Guadix, pertenecía a una familia de compleja procedencia: su abuelo paterno, el genovés Lorenzo Ferrari, se asentó en Berja a comienzos del siglo XVI para comerciar con los moriscos, mientras que su linaje materno procedía de criptojudíos de Úbeda y Salamanca.
Vivió su infancia en la Alpujarra, donde adquirió conocimientos de comercio marítimo con la Signoria y el mundo musulmán. Durante la rebelión morisca de 1568, su padre y otros familiares fueron asesinados en Berja, obligando a su madre a refugiarse en Guadix. Allí se formó con su tío, el licenciado Diego de Burgos, aprendiendo astronomía y geografía.
Tras la guerra (1571), la familia regresó a Berja, encontrando su patrimonio devastado. La precariedad llevó a la emancipación de los hijos: Josephe Ferrer emigró a Indias (1573) y Miguel Ferrer se enroló en el tercio de Lope de Figueroa, alcanzando fama militar. La historiografía confundió a menudo a Miguel con Lorenzo, quien en 1575 intentó repoblar en Laujar de Andarax, sin éxito, y acabó enrolándose en la flota de Indias, donde llegó a capitán.
Regresó a la Península en 1581 con el título de “capitán Ferrer”. Entre Guadix y Berja restauró los negocios familiares y comenzó a redactar su *Alfabecto Ystorial de las cosas memorables del mundo*, concluido en 1588, aunque no se conserva ningún ejemplar. Ese mismo año se embarcó hacia Portugal y realizó un largo viaje atlántico, regresando en 1590 con notable riqueza.
A finales del siglo XVI murió su esposa, refugiándose con sus hijos en casa de su tío Burgos. La crisis económica lo llevó a vender propiedades y a trabajar como copista, iluminador y dibujante. En este contexto se vio implicado en un caso de falsificación documental promovido por su cuñado Pedro Maldonado Torres, aunque la justicia sobreseyó su causa.
En los primeros años del siglo XVII volvió a enrolarse en la flota, posiblemente portuguesa. En 1607 reapareció como miembro de la prestigiosa Junta de la Aguja Fija, colaborando con figuras como Juan Bautista Lavanha y Juan Manrique de Segura. Su reputación científica era sólida, y Pedro Fernández de Quirós solicitó su participación en su expedición al Pacífico (1609–1610).
En 1609 reveló su supuesto descubrimiento del estrecho de Anián (actual estrecho de Bering), que habría realizado en 1588. Su descripción detallada de las penínsulas de Chukotka y Seward, así como de bahías, puntas y ríos de Alaska, impresionó a los círculos científicos. Propuso incluso un asentamiento en Port Clarence y diseñó innovaciones técnicas para navegar en aguas gélidas, como planchas de plomo en las quillas y mamparos estancos, considerados el primer prototipo español de compartimentación naval.
El Diccionario de la RAE lo cita como primer testimonio del término *bufador*. También dejó descripciones pioneras sobre fauna ártica (ballenas, cangrejo rojo de Kamchatka, buey almizclero, alce) y flora boreal.
Continuó desarrollando proyectos innovadores: una máquina de movimiento autónomo, un nuevo astrolabio y estudios sobre la longitud geográfica, problema irresoluble hasta el siglo XVIII.
En la Corte elaboró cartas astrales y trabajó para el marqués de Sieteiglesias en ciencias herméticas. Para la Casa de la Contratación realizó estudios de hidrografía y prototipos de aguja fija. En 1616 participó en una expedición de verificación que dio la vuelta al mundo, durante la cual describió el Crucero del Sur y las Nubes de Magallanes.
Tras la caída del duque de Lerma perdió apoyos y pasó un tiempo en París con Jean Baptiste Morin. De vuelta en Madrid, se casó con Francisca de Henestrosa y trabajó para el conde-duque de Olivares.
En 1623 concluyó su obra *Imagen del mundo*, tratado práctico de náutica dedicado al arzobispo de México. Publicada póstumamente en 1626, fue revisada por Juan Murcia de la Llana, editor del *Quijote*.
Su relación sobre el estrecho de Anián circuló ampliamente en el siglo XVII y llegó a manos de James Cook. En 1790 el cosmógrafo francés Buaché propuso llamar “estrecho de Ferrer” al de Bering, lo que generó un intenso debate científico.
Durante el siglo XIX se consideró su relato apócrifo, pero en el siglo XXI nuevas investigaciones han reabierto el debate, destacando la coherencia geográfica de sus descripciones y la posibilidad de que encriptara deliberadamente la localización exacta del paso.
Su trayectoria refleja:
Lorenzo Ferrer Maldonado es una de las figuras más fascinantes y polémicas de la historia marítima hispánica. Navegante, geógrafo, inventor y escritor, su obra combina rigor científico, imaginación y un profundo conocimiento del mundo oceánico. Su controvertido descubrimiento del estrecho de Anián sigue siendo objeto de debate, pero su aportación a la náutica y a la cartografía del siglo XVII es indiscutible.