Diego de Martos, natural de Mojácar, nació hacia 1637, hijo de Blas de Martos y Luisa de Torres Aguellar. Inició su carrera militar muy joven, sirviendo desde 1651 en las campañas de Italia y en la frontera de Portugal, donde ascendió sucesivamente a alférez, capitán de Infantería española y capitán de caballos corazas.
Trasladado posteriormente al Perú, con el título de maestre de campo general del virreinato, participó en la junta de guerra de Lima del 22 de agosto de 1673, convocada para tratar la construcción de defensas ante el peligro de incursiones piráticas.
Había sido previamente gobernador de Chucuito (título de 22 de enero de 1669), cargo en el que rindió juicio de residencia en 1675, destacando su actuación en el rechazo del pirata Henry Morgan, que había penetrado en el Mar del Sur con tres bajeles.
Ante la necesidad de un oficial experimentado para el gobierno de Valdivia, vacante en ese momento, el virrey conde de Castelar lo nombró gobernador, confiando en la disciplina militar que Martos había demostrado durante cuarenta años de servicio.
Sucedió a Sebastián Alonso Orellana de Luna. Durante su mandato, el 28 de agosto de 1679, encabezó junto a capitanes y oficiales una representación al Rey oponiéndose a la incorporación de Valdivia a la Capitanía General de Chile, defendiendo que continuara bajo la atención directa del virreinato del Perú, como desde su repoblación en 1645.
Entre sus obras más destacadas figura la construcción del castillo de Amargos, en la ribera sur‑poniente del puerto, considerado una fortificación de gran solidez y artificio, comparable a las europeas más celebradas. En honor al virrey, lo denominó San Luis de Alba.
Durante su gobierno también:
Hizo entrega del mando a su sucesor, Hernández de Cifuentes, el 4 de marzo de 1679.
Contrajo matrimonio en Santiago de Chile en tres ocasiones:
Dejó descendencia.
Su trayectoria refleja:
Diego de Martos fue uno de los gobernadores más activos y constructivos de Valdivia en el siglo XVII. Su labor militar, su impulso a las fortificaciones y su defensa de la autonomía administrativa de la plaza lo convierten en una figura destacada de la presencia hispana en el sur del Pacífico.