Nacido en Ohanes en 1896, Juan González Quesada, conocido artísticamente como Juan Cristóbal, vivió desde niño en Granada, ciudad a la que siempre se sintió profundamente vinculado. Tras la primera enseñanza trabajó como botones en el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada, donde comenzó a modelar siguiendo el ejemplo de los alumnos de la institución.
A principios de la década de 1910 estudió en la Escuela Superior de Artes Industriales (posteriormente de Artes y Oficios) de Granada. Su primer maestro fue el escultor Nicolás Prados Benítez. Entre sus compañeros y amigos se encontraban Manuel Ángeles Ortiz e Ismael González de la Serna, miembros como él de la célebre tertulia juvenil El Rinconcillo, en la que también participó Federico García Lorca.
Su talento llamó la atención del político granadino Natalio Rivas, quien lo protegió y facilitó su traslado a Madrid en 1913 para estudiar con Mariano Benlliure, gestionando además pensiones del Ayuntamiento y la Diputación de Granada. Allí desarrolló toda su carrera.
Abandonó pronto el pictoricismo decimonónico para integrarse en la corriente novecentista, influido por José Clará, Mateo Inurria y Julio Antonio. Desde 1917 comenzó a obtener premios en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes:
Realizó también retratos y bustos de gran calidad, como los de Ramón Pérez de Ayala (1926), Manuel de Falla (1927) o *Rafaela* (1918).
En los años treinta evolucionó hacia un lenguaje más geometrizado, visible en la Cabeza de Goya (1932) o en *Galleguita*, en mármol blanco.
En 1934 ganó el concurso para el Monumento a Julio Romero de Torres (Córdoba), inaugurado en 1940. Tras la Guerra Civil continuó trabajando en Madrid, revisando algunos criterios estéticos de su juventud y acercándose a un naturalismo más narrativo.
Su obra más destacada del periodo final fue el Monumento al Cid (Burgos), encargado en 1947 e inaugurado en 1955, considerado por Camón Aznar como “testimonio de su capacidad de énfasis heroico”.
Hasta su muerte realizó numerosos bustos y cabezas, retratos de figuras relevantes de la vida cultural madrileña. Falleció en Madrid en 1961 víctima de un cáncer.
Su trayectoria refleja:
Juan Cristóbal fue un escultor de enorme sensibilidad formal, capaz de unir tradición y modernidad. Su dominio del mármol y el bronce, su elegancia en la línea y su capacidad para captar la esencia humana lo convierten en una figura imprescindible de la escultura española contemporánea. Su obra, repartida por museos y espacios públicos, sigue siendo un referente estético y emocional.