Sobre el cielo de la localidad de Palomares (Níjar), se produce la colisión entre un avión cisterna KC-135 y un bombardero nuclear B-52, con bombas a bordo, que hace que se precipiten a tierra 3 bombas de Hidrógeno de 70 kilotones, y una cuarta cae al mar.
Ninguna está armada, pero el material nuclear de dos de ellas se desparrama por el impacto, impregnando de plutonio radioactivo los cercanos campos de labranza. Una tercera bomba impacta en el cauce seco del río Almanzora y se recupera casi intacta.
La cuarta cae en el mar, en lugar desconocido y, tras una extensa búsqueda, resultará recuperada gracias a un pescador.
En la actualidad la zona sigue contaminada, y sus habitantes siguen realizándose controles periódicos.