Miembro de la Casa Real Nazarí, Alonso Granada‑Venegas era hijo del príncipe Cidi Yaḥyā Alnayar (Pedro de Granada), gobernador y alcaide de Almería, y de Ceti Meriem Bannigas (María Venegas). Nieto del infante Aben Celín al‑Naŷŷar, hijo del rey Yūsuf IV, pertenecía a una de las ramas más prestigiosas del linaje nazarí.
Vivió su juventud en Almería, donde presenció los pactos que su padre negoció con los castellanos para la entrega del territorio. Siguiendo su ejemplo, se bautizó muy tempranamente, el 25 de diciembre de 1489, en el real de Almería, recibiendo importantes mercedes reales. Hernando del Pulgar lo describió como “alto de cuerpo, de buena proporción […] de muy grave y apacible presencia, que mostraba su linaje real”. Su escudo incluía cinco granadas en campo de azur y el lema nazarí “No hay vencedor sino Dios”.
Participó en la Guerra de Granada, especialmente en el frente de Marchena, taha alpujarreña vinculada a su familia y ocupada por Boabdil en 1490, salvo la fortaleza, donde se refugiaba El Zagal.
Ese mismo año colaboró en la recuperación del señorío del Andarax y en la represión de la revuelta alpujarreña. Mientras su padre avanzaba por tierra, Alonso dirigió una flota con gallardetes berberiscos que engañó a los rebeldes en Adra (21 de agosto de 1490). Los sublevados, confiados, fueron sorprendidos y derrotados, arrebatándoles el gallardete rojo que enarbolaban.
Posteriormente participó en el cerco de Granada, distinguiéndose en una acción en la Vega donde ganó siete banderas enemigas. Por estas hazañas, los Reyes Católicos le concedieron en septiembre de 1492 el privilegio de incorporar estos trofeos a su escudo.
A finales del siglo XV colaboró con el cardenal Cisneros en la política de diálogo con los mudéjares. Su fidelidad fue recompensada el 28 de diciembre de 1499 con el cargo de caballero veinticuatro de Granada. Participó en la pacificación del Albaicín y de la nueva revuelta alpujarreña, recibiendo el alguacilazgo mayor de Granada (20 de octubre de 1501), momento en que fijó su residencia en la ciudad. También obtuvo el hábito de Santiago y permiso para mantener veinte hombres armados para su guarda.
A la muerte de su padre (1504) heredó un vasto patrimonio, que incrementó mediante compras en Campotéjar y Jayena, origen del futuro señorío familiar. En 1515 disfrutaba de un juro de 100.000 maravedís sobre las rentas de Córdoba. Su prestigio se debía tanto a su riqueza como a su habilidad para mediar con la minoría morisca. En 1525 encabezó la delegación nobiliaria que saludó al emperador Carlos durante su estancia en Granada.
En 1509 asistió con Cisneros a la toma de Orán como capitán de un cuerpo de ejército. Su relevancia en un reino con fuerte población morisca lo convirtió en colaborador imprescindible del capitán general de Granada. Su estrecha relación con los Hurtado de Mendoza fue tal que el II conde de Tendilla llegó a escribir: “Agora lo tengo por hijo”.
En 1516 fue nombrado capitán de la armada destinada a la defensa de las costas granadinas, enfrentándose al rey de Argel y quemando su carraca negrona. Participó en numerosas acciones militares:
Con facultad real desde el 10 de marzo de 1525, fundó mayorazgo en 1533, incluyendo las tierras de Campotéjar y Jayena, así como juros y rentas.
Casó primero con Juana de Mendoza, hija del mayordomo de los Reyes Católicos, Francisco Hurtado de Mendoza, y sobrina del cardenal Mendoza. Los Reyes fueron padrinos y les otorgaron 1.000.000 de maravedís de dote. En segundas nupcias casó con María de Quesada, hija de los señores de Garcíez.
Fue enterrado en la capilla de San Pedro de la iglesia del Sagrario de la catedral de Granada, junto a su padre. Entre sus hijos destacaron:
Su trayectoria refleja:
Alonso Granada‑Venegas fue una figura clave en la transición del reino nazarí a la Granada cristiana. Su temprana conversión, su fidelidad a la Corona y su habilidad política lo convirtieron en uno de los principales mediadores entre la nobleza morisca y el poder castellano. Su linaje, enriquecido y consolidado, sería el germen del futuro señorío de Campotéjar.