Nacido en Almería en plena Guerra de la Independencia, y de origen humilde, Antonio Hernández Bustos llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de la ciudad durante el siglo XIX.
Comenzó a trabajar muy joven, con apenas diez años, en la Comandancia de Marina. Más tarde obtuvo un puesto en la Dirección de Sanidad del puerto de Almería, donde ascendió hasta el cargo de secretario.
En 1834 contrajo matrimonio con Josefa Martínez Padilla (1804–1888), perteneciente a una familia influyente de la ciudad. Su experiencia en el puerto y el apoyo familiar le permitieron iniciar negocios mercantiles, destacando la importación de trigo, especialmente ruso, actividad que le proporcionó una gran fortuna.
Durante la Década Moderada (1844–1854) ejerció una notable influencia en el comercio y la política local como miembro del Partido Moderado. En el Ayuntamiento desempeñó diversos cargos, como regidor (1852) y concejal, y tuvo responsabilidades en el control de los arbitrios municipales (1851). Paralelamente inició importantes inversiones en fincas rústicas y urbanas.
En la Revolución de 1854 actuó como vocal de la Junta Revolucionaria almeriense, presidida por Francisco Jover. A finales de 1855 su hija mayor, María de la Encarnación, se casó con Ramón Ledesma Crehuet (1829–1881).
Desde comienzos de la década de 1850 se convirtió en el principal exportador de esparto de la provincia. La cotización del producto se triplicó desde 1862 debido a la creciente demanda de la industria papelera. Hernández Bustos defendió la libertad absoluta de explotación del esparto frente a las restricciones propuestas.
En sus últimos años de actividad económica intensificó la inversión en propiedades. Su fortuna creció de forma notable entre 1858 y 1875, pasando del puesto 19 al tercer lugar entre los principales contribuyentes de Almería.
En 1876 fue nombrado presidente de la Liga de Contribuyentes.
Falleció en 1879, dejando a sus herederos un patrimonio excepcional: 47 casas, 15 cortijos y 5.000.000 de reales.
Su trayectoria refleja:
Antonio Hernández Bustos representa el ascenso social y económico posible en la Almería del siglo XIX. Su capacidad empresarial, su influencia política y su enorme patrimonio lo convierten en uno de los protagonistas indiscutibles de la historia económica de la ciudad. Su legado material y familiar marcó durante décadas la vida urbana y rural del entorno almeriense.