Bernardo Martínez Noval nació en el barrio de Castillejo (“Castiello”), parroquia de Valdesoto, en el concejo de Siero (Asturias), el 1 de marzo de 1868, hijo de Manuel Martínez Palacio y Joaquina Noval Nosti, de condición humilde. Fue bautizado ese mismo día en la iglesia de San Félix de Valdesoto y confirmado el 21 de abril de 1868.
Cursó la primera enseñanza en Valdesoto y obtuvo una beca de latinidad en Pla de Siero, donde estudió cuatro años. El contacto con el preceptor Joaquín Rodríguez Fuente y con el agustino Vicente Fernández lo llevó a solicitar el ingreso en la Orden de San Agustín.
Vistió el hábito en 1884 y profesó el 18 de julio de 1885 en el colegio‑seminario de Valladolid. Estudió Filosofía en Valladolid y continuó la formación eclesiástica en La Vid (Burgos) y San Lorenzo de El Escorial hasta 1891. Ese mismo año fue destinado a Filipinas, donde completó Teología y fue ordenado sacerdote en Manila el 24 de septiembre de 1892.
Ejerció su labor pastoral en diversas parroquias:
El 3 de junio de 1898 fue capturado por los catipuneros y permaneció dieciocho meses en cautiverio, sufriendo insultos, privaciones y malos tratos, hasta su liberación en diciembre de 1899.
En 1900 se trasladó a Hong‑Kong para estudiar inglés, regresando a Manila en 1901, donde fue nombrado secretario provincial. En 1901 volvió a España para continuar en ese cargo durante ocho años, obteniendo el título de lector en 1904 y siendo nombrado regente de estudios en 1907.
Fue redactor de la revista *España y América* desde 1903 y dirigió los Talleres de Santa Rita, primero como subdirector (1907) y luego como director durante catorce años.
Redactó los Apuntes históricos de la provincia de Filipinas, obra monumental en cuatro volúmenes (Filipinas, América, España, China y Japón), publicados entre 1909 y 1918.
En 1909 fue elegido consejero provincial y en 1913, provincial de la provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Filipinas. Ese mismo año recibió el título de maestro en Sagrada Teología.
Durante su provincialato:
Tras residir en Madrid desde 1918, en 1921 fue presentado para la sede de Oviedo, pero finalmente fue designado obispo de Almería.
Alfonso XIII firmó la presentación el 11 de abril de 1921 y Benedicto XV lo preconizó el 18 de julio de 1921. Fue consagrado obispo el 30 de noviembre de 1921 en la iglesia de San Manuel y San Benito (Madrid).
Tomó posesión por poderes el 10 de diciembre y realizó su entrada solemne en la catedral de Almería el 30 de diciembre de 1921.
Encontró una diócesis en extrema pobreza, lo que dificultaba incluso la adquisición de libros para el seminario. Su labor pastoral se centró en:
Realizó la visita ad limina en octubre‑noviembre de 1925.
Fundó o impulsó:
El 27 de abril de 1930 bendijo el monumento al Sagrado Corazón de Jesús en el cerro de San Cristóbal, hito religioso de la ciudad.
Entre el 18 y 20 de junio de 1929 celebró un sínodo diocesano. Escribió más de treinta pastorales, especialmente en Adviento y Cuaresma, con abundantes citas bíblicas y agustinianas.
Durante la Segunda República exhortó a la serenidad y al orden, lamentando la destrucción de lo construido: “Sufro y padezco muchísimo… la pena me destroza al ver cómo se desmiembra lo hecho en los últimos años”.
En 1932 colaboró con el nuncio Tedeschini en la recopilación de bienes eclesiásticos desamortizados, aunque sin inventarios completos.
Murió en Almería el 25 de julio de 1934. Sus restos reposan en la capilla de San Indalecio de la catedral.
Su trayectoria refleja:
Bernardo Martínez dejó una profunda huella como misionero, historiador y pastor. Su obra escrita, su impulso a la vida religiosa y social de Almería y su dedicación a la formación y al apostolado lo sitúan entre los obispos más influyentes de la diócesis en la época contemporánea.