Bernardo Martínez Noval nació en Valdesoto (Asturias) el 1 de marzo de 1862, hijo de Manuel Martínez Palacio y Joaquina Noval Nosti. Quedó huérfano a los dos años y estudió becado en la preceptoría de latinidad de Pola de Siero.
Profesó en el colegio agustino de Valladolid en 1885 y en 1891 se embarcó hacia Filipinas. En Manila concluyó la carrera eclesiástica y fue ordenado sacerdote.
Su labor misionera comenzó en Pampanga:
El 3 de junio de 1898 cayó prisionero de los insurrectos tagalos, permaneciendo cautivo hasta diciembre de 1899. En 1900 fue enviado a Hong‑Kong para estudiar inglés, regresando un año después a Manila.
Nombrado secretario de la provincia, regresó a España en 1900. Fue:
Durante su provincialato:
En diciembre de 1921, a propuesta de Alfonso XIII, el papa Benedicto XV lo nombró obispo de Almería, cargo que ejerció durante doce años.
Su pontificado se caracterizó por:
Fue un obispo pobre y austero, profundamente cercano al clero y a los fieles. Sus recursos eran tan escasos que apenas podía sostener al seminario o atender a los pobres más allá de los primeros días del mes.
Con la llegada de la Segunda República afrontó graves problemas:
Sufrió ataques directos de la prensa y de panfletos, lo que deterioró gravemente su salud.
Murió en Almería el 25 de junio de 1934, “santamente y tan pobre como había vivido toda la vida”.
Su trayectoria refleja:
Bernardo Martínez Noval dejó una huella profunda en la diócesis de Almería. Su entrega pastoral, su austeridad, su amor al clero y su fortaleza en tiempos de adversidad lo convirtieron en uno de los obispos más queridos y recordados de la Iglesia almeriense contemporánea.