Gaspar Antonio Molina y Rocha, conocido en religión como Gaspar Molina y Rocha, nació en Mérida el 30 de octubre de 1700, hijo de Juan Antonio de Molina y Oviedo, regidor perpetuo y I marqués de Ureña, e Isabel Francisca de la Rocha y Ulloa.
Ingresó en la Orden de San Agustín a los dieciséis años y profesó en el convento de Cádiz en 1717, tras renunciar a su herencia mediante testamento fechado el 5 de agosto de ese año.
Estudió Filosofía y Teología en el Colegio Mayor de Santa María de Jesús de Sevilla (Maese Rodrigo). El 13 de julio de 1727 superó un riguroso examen para ejercer la cátedra en el convento de San Agustín. Fue lector de Teología.
Por la Universidad de Sevilla obtuvo los grados de bachiller en Artes y Teología (1728), y de licenciado y doctor en Teología (octubre de 1728). Obtuvo la cátedra de Biblia y fue socio teólogo de la Universidad.
La Real Sociedad de Medicina de Sevilla lo nombró socio de erudición el 14 de mayo de 1731. La provincia agustiniana de Andalucía lo designó:
Fue un predicador muy admirado por su sólida formación doctrinal.
Felipe V lo propuso para la sede de Almería en 1741, simultáneamente al traslado del obispo Diego Felipe de Perea a Burgos. El proceso informativo comenzó en Madrid el 25 de febrero de 1741.
Fue preconizado obispo el 29 de mayo de 1741 por Benedicto XIV, quien le ordenó reparar la casa episcopal y erigir un Monte de Piedad.
Fue consagrado en Madrid el 3 de septiembre de 1741 por su tío, el cardenal Gaspar de Molina y Oviedo, también agustino. Tomó posesión por medio de su delegado el 15 de julio de 1741, y llegó a Almería el 16 de enero de 1742.
Durante casi veinte años de episcopado, Molina y Rocha afrontó diversos litigios:
A pesar de ello, mantuvo buenas relaciones con el Cabildo y realizó una visita pastoral en 1745.
Impulsó importantes obras en la catedral de Almería:
En 1757 intentó implantar la obligación de solicitar recles fuera del obispado solo con su licencia.
En su episcopado se fundó el convento de Santa Clara, bendecido el 12 de agosto de 1756. El obispo donó a su iglesia dos lienzos de Murillo representando a San Agustín y Santo Tomás de Villanueva.
Murió en Almería el 4 de diciembre de 1760. Fue sepultado dos días después en la capilla de la Esperanza de la catedral.
Su trayectoria refleja:
Gaspar Molina y Rocha fue un obispo culto, reformador y promotor de las artes. Su impulso a la ornamentación catedralicia, su actividad pastoral y su papel en la vida intelectual sevillana lo convierten en una de las figuras más destacadas del episcopado almeriense del siglo XVIII.