Ibn al‑‘Arīf, cuyo nombre completo era Abū l‑‘Abbās Aḥmad b. Muḥammad b. Mūsà b. ‘Aṭā’Allāh al‑Ṣinhāŷī al‑Mariyyī, nació probablemente en Almería el 23 de julio de 1088, en el seno de una familia procedente de Tánger. Su padre era conocido como *al‑‘Arīf*, “el alarife”, jefe militar o maestro de obras.
Creció en un ambiente modesto y comenzó su formación con el Corán y textos religiosos en su ciudad natal. Sus maestros se opusieron a la fetua que ordenó quemar los libros de al‑Gazālī (1058–1111), cuyas ideas sufíes eran perseguidas por los almorávides.
Se inició en el sufismo bajo la guía de Abū Bakr ‘Abd al‑Baqī b. Muḥammad b. Burriŷāl, quien le impuso la jirqa, el hábito de los discípulos tras su iniciación. Salvo una breve etapa como almotacén en Valencia y almocrí en Zaragoza, pasó la mayor parte de su vida en Almería, dedicado a la enseñanza.
Sus biógrafos destacan su prudencia, moderación y ascetismo, así como su prestigio espiritual. Almería se había convertido entonces en un importante centro sufí, y su figura atrajo numerosos discípulos. El propio Ibn al‑‘Arabī lo consideró su maestro espiritual a través de sus obras y de sus seguidores. También se le vincula con la Escuela de Almería, heredera del pensamiento de Ibn Masarra (siglo X).
Su influencia despertó recelos. El emir almorávide ‘Alī Ibn Yūsuf lo mandó llamar a Marrakech, junto a otros dos maestros andalusíes: Abū Bakr Muḥammad b. al‑Ḥusayn al‑Mayūrqī y Ibn Barraŷān. El cadí de Almería, Abū Bakr Ibn Aswad, enemigo declarado del sufí, pudo haber alertado al emir sobre el supuesto peligro que representaba.
Durante el viaje por mar hacia Ceuta se perdieron todas sus obras originales. Al llegar a Marrakech fue recibido con honores, pero poco después él e Ibn Barraŷān murieron en circunstancias poco claras. Algunas fuentes afirman que Ibn Aswad lo envenenó.
Su funeral fue multitudinario, y su tumba —aún existente y recientemente restaurada— continúa siendo un lugar de veneración.
Su trayectoria refleja:
Ibn al‑‘Arīf es una de las figuras más relevantes del sufismo andalusí. Su pensamiento, transmitido a través de discípulos y referencias posteriores, influyó en la espiritualidad de al‑Andalus y del Magreb. Su vida, marcada por la persecución almorávide y la pérdida de sus escritos, simboliza la tensión entre el misticismo sufí y el rigorismo político‑religioso de su tiempo.