Ibn Luyūn (Abū ‘Uṯmān Sa‘d b. Abī Ŷa‘far b. Aḥmad b. Ibrāhīm b. Luyūn al‑Tuŷībī) nació en Almería en 1282 y vivió allí la mayor parte de su vida. Se formó con Abū Ŷa‘far Aḥmad b. ‘Abd al‑Nūr, de quien recibió una sólida instrucción gramatical, y también estudió con Abū l‑Ḥaŷŷāŷ. Las fuentes mencionan además maestros de Fez y Egipto, lo que sugiere que viajó o, más probablemente, que obtuvo licencias de enseñanza sin abandonar Almería, ciudad de la que apenas gustaba salir.
Fue maestro de dos de los grandes polígrafos granadinos del siglo XIV: Ibn al‑Jaṭīb e Ibn Jātima.
Ejerció inicialmente como notario, pero abandonó esta profesión para dedicarse al estudio y enseñanza de las lecturas coránicas. Su interés por el derecho sucesorio se refleja en varios poemas que compuso sobre esta materia. Las biografías señalan que sustituyó a jueces de Almería y que pudo actuar como consejero del tribunal, emitiendo algunas fetuas.
Ibn Luyūn fue también un asceta y místico, conocido por su vida retirada y por no haberse casado nunca. Organizaba sesiones de recitación y meditación, de las que se conservan veintisiete textos estudiados por Emilio García Gómez.
Su obra es extraordinariamente amplia y diversa:
Reunió una importante biblioteca privada, que anotaba y comentaba con frecuencia. Sus biografías elogian la claridad de sus escritos y su fidelidad en la transmisión del conocimiento. Aunque escribió mucha poesía, no fue considerado un gran poeta; uno de sus biógrafos dijo, según la traducción de García Gómez: *“Sabía bien lo que es buena poesía, pero su poesía no es buena”*.
Su obra más célebre es el tratado de agricultura, una urŷūza (poema nemotécnico) de 1365 versos en metro *raŷaz*, donde define el arte agrícola y analiza sus cuatro elementos: tierra, agua, abonos y trabajo. Resume en él la tradición agronómica andalusí, incorporando también conocimientos orales de expertos.
Murió en 1349, el 9 de septiembre, víctima de la peste que asoló Almería.
Su trayectoria refleja:
Ibn Luyūn es una de las figuras intelectuales más completas del emirato nazarí. Su capacidad para sintetizar saberes, su labor docente y su tratado de agricultura —pieza clave de la agronomía andalusí— lo convierten en un referente imprescindible de la cultura científica y espiritual de Almería en el siglo XIV.