Juan Felipe Martínez Almagro, nacido en Almería el 1 de marzo de 1799, fue hijo primogénito de Juan Pedro Martínez Remacha, abogado de los Reales Consejos, regidor, alcalde y auditor de Marina, y de María Manuela Almagro Salas. Procedía de una familia con ejecutorias de nobleza probadas por ambas ramas: los Martínez Remacha, originarios de Fuentelmonge (Soria), y los Almagro Salas, vecinos de Almería y con cargos municipales de relevancia.
Su abuelo materno, Juan Bautista Almagro Valera, fue regidor perpetuo, comisionado principal de caminos y alcalde honorario del Crimen de la Chancillería de Granada.
Tras cursar ocho años de estudios mayores, su carrera se vio inicialmente frenada por su pertenencia a la milicia nacional durante el Trienio Liberal, donde alcanzó el grado de capitán graduado.
Con la regencia de María Cristina, en 1833 ingresó como oficial 5.º en el Ministerio de Fomento, iniciando una larga trayectoria administrativa.
En 1839 obtuvo la Cruz de Comendador de la Orden Americana de Isabel la Católica, elevada a Gran Cruz en 1846. Ese mismo año fue admitido como caballero de la Real y Distinguida Orden de Carlos III, incorporándose en 1841.
Durante los años del Estatuto Real, Martínez Almagro progresó en el Ministerio de Fomento, luego Interior y Gobernación, hasta alcanzar en 1836 el puesto de oficial 6.º de 1.ª Clase.
La llegada de los progresistas lo dejó cesante, pero recuperó su carrera con el triunfo conservador en las elecciones de 1837. En 1838 fue reintegrado como oficial 3.º, y en 1839 ya era jefe de sección. En octubre de 1839 fue nombrado subsecretario del Ministerio de la Gobernación, cargo que mantuvo durante sucesivos gobiernos moderados.
Desde 1839 fue también vocal de la Dirección General de Estudios.
En las elecciones de enero de 1840, decisivas para asegurar la mayoría moderada, obtuvo por primera vez el acta de diputado por Almería. Su intervención parlamentaria fue escasa, pero apoyó la reforma municipal que subordinaba ayuntamientos y alcaldes al Ministerio de la Gobernación, detonante de la revolución que llevó a Espartero a la regencia.
Durante el trienio progresista (1840–1843) quedó apartado de la vida pública, ocupando un puesto en la Empresa de la Sal como visitador de alfolíes en Salamanca.
Con el retorno moderado en 1844, recuperó protagonismo:
En 1846 ocupó interinamente la cartera de Gobernación durante una semana, enlazando dos gobiernos. Ese mismo año ingresó en el Consejo Real y fue nombrado viceprotector del Conservatorio de Música y Declamación de María Cristina.
Revalidó su escaño en 1846, esta vez por Puebla de Sanabria, y recuperó el distrito de Almería en 1850 y 1851.
En 1852 volvió a dirigir la Subsecretaría de Gobernación en comisión y fue vicepresidente del Congreso durante la breve legislatura de diciembre.
El bienio progresista (1854–1856) lo apartó de nuevo del poder, perdiendo su puesto en el Consejo Real y en el Conservatorio.
Con el retorno moderado en 1856, recuperó posiciones:
La llegada de la Unión Liberal en 1858 supuso su salida definitiva de la vida pública: cesado del Consejo de Estado, sin escaño desde octubre y jubilado en enero de 1859, con una pensión de 25.000 reales anuales.
Su trayectoria refleja:
Juan Felipe Martínez Almagro fue uno de los almerienses más influyentes en la política nacional del reinado de Isabel II. Su papel en la consolidación del sistema moderado, su prolongada presencia en la Administración central y su participación en reformas clave lo sitúan entre los protagonistas del entramado político y burocrático del siglo XIX español.