María Rosario Lucas Burgos, en religión María del Rosario del Espíritu Santo, nació en Almería el 27 de febrero de 1909. Poco después de su nacimiento, su familia se trasladó a Melilla, donde, según su propio testimonio, desde los tres años experimentaba una profunda alegría espiritual al ver incensar al Santísimo Sacramento.
Realizó estudios de enseñanza media en Málaga, y a los trece años tomó la firme decisión de consagrarse a la vida religiosa. Tras un proceso de discernimiento con su director espiritual, ingresó el 1 de marzo de 1928 como postulante en la Congregación de las Religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos, en la casa de Hortaleza (Madrid). Tomó el hábito el 25 de septiembre de 1928, profesó los primeros votos el 26 de septiembre de 1929 y la profesión perpetua en Burdeos el 26 de septiembre de 1932.
Ese mismo año fue enviada de regreso a España, donde trabajó en tareas educativas en Barcelona, Valencia, Madrid y Tolosa, mientras cursaba estudios universitarios de Filosofía y Letras. En 1935 se le diagnosticó un tumor en la rodilla y se trasladó a Melilla para recibir tratamiento.
El estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 prolongó su estancia en Melilla durante toda la contienda. Allí colaboró activamente en la Acción Católica y en la Obra del Fomento de Vocaciones Sacerdotales, logrando que varios jóvenes ingresaran en el seminario de Málaga. Durante este tiempo intensificó su vida espiritual, dedicando hasta ocho horas diarias de oración ante el Sagrario.
Aconsejada nuevamente por su director espiritual, solicitó la dispensa de votos y dejó la Congregación de la Sagrada Familia. A finales de 1943, en Málaga, inició los primeros pasos para fundar una nueva institución dedicada a la Adoración Perpetua del Santísimo Sacramento, con un carisma claramente diferenciado del de las Adoratrices de Santa Micaela.
El 24 de diciembre de 1943, tras la misa de medianoche, comenzaron la vida comunitaria las cuatro primeras Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada. La fundación fue aprobada como Pía Unión en 1944 por el obispo de Málaga Balbino Santos y Oliveira, quien, ya como arzobispo de Granada, promovió su traslado a esa diócesis.
Por Decreto del 15 de septiembre de 1948, la Pía Unión fue erigida como Congregación Religiosa de Derecho Diocesano, celebrándose la erección canónica el 7 de octubre, día en que la madre fundadora y las primeras religiosas emitieron sus votos perpetuos.
Las vocaciones crecieron rápidamente y se sucedieron nuevas fundaciones:
En los primeros años, cuando el carisma de la Congregación fue cuestionado, buscó discernimiento en la Compañía de Jesús. El 18 de julio de 1951 se entrevistó con el provincial Juan Ponce (SI), quien la remitió al padre José Antonio de Aldama y Pruaño, eminente jesuita. Tras su encuentro del 20 de julio, quedó definitivamente definido el carisma: adoración perpetua al Santísimo Sacramento en íntima unión con la Virgen Inmaculada.
Cada religiosa debía dedicar dos horas diarias de adoración —una diurna y otra nocturna—, organizando turnos ininterrumpidos ante el Santísimo. Alternaban la oración con trabajos exclusivamente destinados al culto litúrgico.
El padre Aldama redactó las Constituciones de la Congregación y fue considerado cofundador. La madre María Rosario fue recibida en audiencia privada por Pío XII el 16 de septiembre de 1957.
Falleció en Córdoba el 5 de enero de 1960, tras una larga enfermedad. Su cuerpo reposa en la capilla de las Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Inmaculada.
Su trayectoria refleja:
María Rosario Lucas Burgos dejó una profunda huella en la vida religiosa española. Su carisma, centrado en la adoración perpetua y la espiritualidad mariana, dio origen a una Congregación que se expandió rápidamente y que continúa viva. Su vida, marcada por la oración, la obediencia y la búsqueda constante de la voluntad de Dios, la sitúa entre las grandes fundadoras del siglo XX.